Pandemia y “memoria de pez”

Durante mucho tiempo se ha utilizado la expresión “memoria de pez” para referirnos a la poca o nula memoria que nos afecta a nosotros mismos o a otras personas. Las investigaciones realizadas en los últimos años parecen no confirmar la atribución genérica que hacemos a los peces acerca de su capacidad en este campo, pero lo cierto es que el dicho se ha instalado con mayor o menor fortuna en nuestro lenguaje cotidiano.

En la crisis provocada por la COVID-19 y en la que la aparición de las vacunas nos permiten albergar el principio del fin, sería catastrófico que en todos y cada uno de nosotros, tan afectos que somos a lo inmediato, reaccionáramos con “memoria de pez” ante todo lo que hemos vivido y sufrido en este tiempo de pandemia.

La pandemia nos ha mostrado las carencias de solidaridad de nuestra sociedad, las desigualdades reales se han mostrado en toda su crudeza y su constante incremento amenaza con poner en solfa la propia democracia.

El virus ha hablado y nos ha puesto ante nuestros ojos unas realidades que no esperábamos ver y de las que necesitamos tomar buena nota si, ante situaciones futuras semejantes que sin duda se producirán, pretendemos responder con eficacia, además de servirnos de atalaya para contemplar realidades que no veíamos o que no queríamos ver.

¿Seremos capaces de extraer las lecciones que esta pandemia nos ha puesto encima de la mesa?, ¿estamos dispuestos a acometer los cambios de fondo que nuestras sociedades necesitan?. O, por el contrario, reaccionaremos como en otras ocasiones corriendo el tupido velo de la inconsciencia, quedando anestesiados y amnésicos ante un panorama que preferimos olvidar.

La pandemia nos ha mostrado las carencias de solidaridad de nuestra sociedad, las desigualdades reales se han mostrado en toda su crudeza y su constante incremento amenaza con poner en solfa la propia democracia. Hemos contemplado las consecuencias de una globalización que solo ha servido a intereses mercantiles, al capital, pero no a las personas. Hemos sufrido la falta de autosuficiencia como país en productos básicos, especialmente sanitarios. Y hemos asistido al debilitamiento durante años del llamado Estado del Bienestar, producto de políticas neoliberales que privatizaron, recortaron y atrofiaron los servicios públicos esenciales y de protección social.

Políticas neoliberales cuyo mejor ejemplo de ineficacia lo tenemos en la financiación del sistema sanitario. Años de recortes con el fin de reducir el gasto presupuestario sanitario se han traducido en el gasto sanitario más elevado de nuestra historia a causa de una pandemia que se ha cebado en un sistema de salud pública debilitado y sin las fortalezas adecuadas para resistir el envite del coronavirus.

Son múltiples las declaraciones, artículos o ensayos en los que se afirma que el mundo pospandemia será un mundo distinto, que nada será igual en el futuro próximo o que hemos aprendido las lecciones. Será sin duda deseable que así sea y quiero mantener la esperanza de que así será, pero es algo que dependerá de todos y cada uno de nosotros, de una acción colectiva que fuerce los cambios necesarios para poder afrontar los años de incertidumbre que sin duda nos esperan. Eso, o responder con “memoria de pez” y que todo vuelva a ser como antes.

Nota: Artículo publicado en infoLibre.es, ver aquí, el 7 de abril de 2021.

Gracias por compartirlo en tus redes: