Cinismo y «dos huevos duros» en el Congreso

Cinismo de un Pablo Casado que tacha al gobierno de Pedro Sánchez de antiespañol cuando en las distintas votaciones coincide con EH-Bildu, con ERC o con la CUP, pero un Pablo Casado que, por el contrario, se considera español por los cuatro costados cuando en el intento de tumbar el Real Decreto-ley de la Reforma Laboral sumaba sin pudor los votos de estos mismos partidos.

Diario de Pontevedra, 17-02-2022

Cinismo de un Partido Popular que, como estrategia, focaliza lo ocurrido en el voto de su diputado, el señor Casero, tratando así de ocultar lo que la inmensa mayoría de este país entiende como el intento de un nuevo tamayazo en toda regla, en complicidad con los diputados de UPN.

Un voto que saben perfectamente que en ningún caso se debió a un error informático y sí, en todo caso, a un error humano. Y digo en todo caso porque quién nos dice que lo que realmente quería votar el señor Casero era el voto emitido -que tuvo que acreditar doblemente en el aviso que le apareció en su ordenador- y lo del error no fuera una disculpa dada ante su partido para justificarse, sabiendo que ya era imposible cambiarlo.

Cinismo de VOX, que continuamente habla de un gobierno socialcomunista que se apoya en los votos de los herederos de ETA y de los separatistas catalanes, pero que sin el menor recato se apoya también con orgullo en los votos de estas formaciones para intentar tumbar el nuevo texto legal.

Cinismo, por supuesto, el de los diputados de UPN, señores Sayas López y García Adanero, que por lo visto disponen de una conciencia tan exquisita que les obliga a votar en contra de lo mandatado por su propio partido, pero que, al mismo tiempo, les impedía manifestar de forma honesta cual iba a ser su voto hasta el preciso momento de la votación, con el propósito de, al ocultarlo, impedir cualquier otro intento de pacto.

Y vayamos ahora con los huevos. En “Una noche en la ópera”, la espléndida película de los Hermanos Marx, hay una memorable escena en la que Groucho solicita un menú y, a cada poco, sale la voz de Chico repitiendo “y también dos huevos duros”. Pues bien, esa fue la imagen que dieron aquellos que, pretendiéndose progresistas, no les importó provocar que la Reforma Laboral no saliera adelante.

En este caso, su voto negativo era porque, entendiendo los aspectos positivos de la nueva ley, pretendían dos huevos duros más y, si no aparecían, el menú no les valía. Con esa fórmula, aquella que pretendiendo lo mejor consigue impedir lo posible, poco faltó para que consiguieran su propósito y así apoyar de facto que siguiéramos con la reforma laboral de Mariano Rajoy.

“Y también dos huevos duros”, tres si sumamos el toque de bocina de Harpo, para quienes, como por ejemplo el BNG, pretenden disparar con pólvora del rey, dando por supuesto que su voto no era necesario porque ya se encargaría el grupo socialista de conseguir los votos necesarios. De este modo siempre pueden presumir de su inconformismo y de pedir de forma constante “dos huevos duros” más.

Lo cierto, es que ese progresismo de salón que juega dando por sentado que otros aprobaremos lo necesario, pudo haber significado que la precariedad, la temporalidad, la devaluación salarial, la desaparición de los convenios de sector y de su ultraactividad, entre otras cuestiones no menores, siguieran campando, debilitando, y no es una cuestión menor, el papel de los sindicatos y su fortaleza en las negociaciones, que no es otra cosa que la fortaleza de las personas trabajadoras.

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