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POLÍTICA, Sin categoría · · 3 min de lectura

Comer pasteles para comprar misiles

Convidar a comer pasteles -o ramen- para poder comprar misiles tiene su punto de crueldad.

Comer pasteles para comprar misiles|Convidar a comer pasteles -o ramen- para poder comprar misiles tiene su punto de crueldad.

«Qu’ils mangent de la brioche», aunque la frase suele citarse como «que coman pasteles». Ese era la ocurrencia de María Antonieta cuando se le dijo que los campesinos no tenían ni un trozo de pan para comer.

«Let them eat ramen», esta frase, «que coman ramen», la pronunciaba el republicano de Texas, Dan Crenshaw, como respuesta a un estudiante que se quejaba del alto precio de los burritos.

Diario de Pontevedra, 15/08/2026

La primera anécdota es apócrifa, nunca María Antonieta pronunció esa frase. Su origen está en el libro «Confesiones» de Jean-Jacques Rousseau, escrito cuando ella era aún una niña. Rousseau atribuye esa expresión a “una gran princesa”, sin especificar ningún nombre.

La segunda, en cambio, es real y de estos días. Todo se inició al espetarle un estudiante universitario al portavoz de Turning Point USA que «un burrito no debería costar 20 dólares». Esa frase cobró vida por las redes y abrió una grieta nada cómoda: hasta comentaristas de extrema derecha señalan que los precios de los alimentos se han desbocado y algunos, como Matt Walsh, piden que se acaben esas «estúpidas guerras en el extranjero» y centrarse en el tema del coste de la vida.

Y no, no se pudo reprimir. Dan Crensahw, congresista republicano, exmilitar y firme devoto del imperialismo yanqui, se vistió de gran princesa y recetó su versión del brioche: «Dejen de quejarse, consíganse un trabajo, coman ramen como todos nosotros en la universidad, con un presupuesto ajustado y cuatro compañeros de piso». «Let them eat ramen». Esa sopa instantánea, rápida y barata, con su exceso de sal, sus grasas y su escasez de nutrientes.

Crenshaw no estuvo solo, otros le secundaron con comentarios desdeñosos y displicentes hacia los jóvenes actuales, recordando el sufrimiento noble de las generaciones anteriores. Pero, hete aquí lo curioso, en ese mismo debate, parte de su mismo bando pedían justo lo contrario: acabar con las guerras y atender el interior de las neveras de la gente.

Porque ese es el verdadero fondo del asunto. Aquí quiero llevaros. Recetar austeridad, sufrimiento y ramen a los de abajo suena a burla cuando, al mismo tiempo, se multiplica el gasto militar. Convidar a comer pasteles -o ramen- para poder comprar misiles tiene su punto de crueldad.

Toquemos tierra. No pensemos que esto es un gran show americano con sus congresistas ataviados al estilo versallesco. Ese guion ya llegó a nuestro país con la firma de la Casa Blanca: Trump lleva tiempo exigiendo a la OTAN -a España la primera- elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB, con amenazas de aranceles y castigos varios para quien ose no pasar por el aro.

¿Y qué supondría hacerle caso? Según cálculos esgrimidos por el propio Gobierno -hay quien dirá que interesados, pero muy ilustrativos-, pasar del 2ª al 5% de aquí a 2035 exigiría unos 350.000 millones de euros adicionales. Un dinero, añaden, que solo podría conseguirse a base de subirle a cada trabajador los impuestos en unos 3.000 € anuales; eliminar las prestaciones por desempleo, enfermedad y maternidad; reducir en un 40% todas las pensiones, o recortar a la mitad la inversión estatal en educación

Una conocida y vieja receta servida en la mesa de casa: apretémonos el cinturón los de abajo para que arriba entren más misiles. Ramen para las familias, presupuesto sin límite para llenar el arsenal. Toca decidir, entonces, si de verdad compensa comer pasteles para comprar misiles.

Ilustración del autor realizada con ayuda de IA g|enerativa.

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