NHI. Tres letras. Ningún Humano Involucrado. De esta forma etiquetaban los funcionarios judiciales de Los Ángeles, según contó Sylvya Wynter en una carta de 1992, los casos que afectaban a los jóvenes negros desempleados de los guetos del centro de la ciudad.
Wynter lo había escuchado en un informativo de radio emitido en los días posteriores a la absolución de los policías implicados en el apaleamiento a Rodney King. Una sentencia que incendió la ciudad. Tres frías siglas para justificar la violación de los derechos humanos más elementales.
Tres simples letras que hoy continúan vivas sembrando el terror.

Hablemos de Gaza. Netanyahu y sus acólitos siguen utilizando la misma, la misma lógica deshumanizadora, la lógica NHI, para justificar el genocidio del pueblo palestino. Recordemos las palabras de You Gallant, quien fue su ministro de Defensa, al anunciar el asedio total de Gaza en octubre de 2023: «Luchamos contra animales humanos».
Hablemos de Ceuta. De la “invasión” de inmigrantes que cada día abre los noticiarios. No dudo de la angustia de la ciudadanía ceutí. Seguro que las cosas se pudieron hacer mejor. Pero me enervan sobremanera quienes, ante un asunto tan complejo, recetan populismo en forma de soluciones simples, cuando no falaces.
Discursos políticos que dejan claro que, para sus promotores, los inmigrantes no ostentan la condición de sujetos humanos. Que, para ellos, los sucesos de Ceuta encajan en esas tres siglas. Algo que, siguiendo a Wynter, solo puede traducirse en espirales de violencia. Vierten gasolina para luego lamentar el incendio.
El mundo no acaba en estos dos lugares. La geografía NHI sigue siendo demasiado extensa. En su carta, la escritora cita a Ralph Ellison, quien, en su novela “El hombre invisible”, señalaba que nos vemos los unos a los otros solo a través de los «ojos interiores» con los que miramos la realidad.
Esto nos lleva, apostilla Wynter, a una incómoda pregunta: ¿cuál es nuestra responsabilidad en la fabricación de esos «ojos interiores»? Y me permito una segunda cuestión: ¿Cuál es nuestra responsabilidad ante su propagación?
Frente al terror de estas tres siglas, NHI, cabe oponer la vigencia de lo que ya en el año 163 a.C. escribía Publio Terencio Afro, dramaturgo africano quien, por cierto, llegó a Roma como esclavo: «Homo sum, humani nihil a me alienum puto» (Hombre soy, nada de lo humano me es ajeno).
Ilustración: diseño del autor realizado con apoyo de IA generativa.