«¡No vengái con huevás, mi general! No nos puede hacer semejante agachada».
Algo parecido debió ser la contestación que le dieron al general Pinochet cuando en noviembre de 1980 anunciaba su decisión de privatizar el sistema de pensiones chileno, sustituyendo el sistema tradicional de reparto por uno de capitalización individual que comenzó a funcionar en 1981.
Pero el aviso de sus colegas de armas no le cayó a Pinochet en saco roto. Y “semejante agachada” lo fue para todo el pueblo chileno, excepto para el estamento militar. No era cuestión de aplicar una medida de ese calibre a los “milicos”, a los compañeros de armas que propiciaron el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y el asalto al Palacio de La Moneda.

A fuer de ser precisos, fueron las Fuerzas Armadas y las de Orden y Seguridad quienes quedaron fuera del Decreto Ley 3.500. De este modo, conservaron sus propios regímenes de reparto con fuerte financiación del Estado, amén de otras condiciones sensiblemente más ventajosas.
Claro está que tal decisión no fue un descuido. Los mandos de la Junta Militar, que era quien legislaba, aceptaron de buen grado esa excepción que respondía a la resistencia de los mandos militares -sabios ellos- a integrarse en el experimento privatizador.
Razones sobradas tenían, y el tiempo terminó dándoles la razón. Cuando empezaron a jubilarse las primeras generaciones bajo el nuevo modelo, las pensiones resultaron sustancialmente más bajas de lo prometido, además de otros problemas acumulados que derivaron en prestaciones de miseria.
Ya en 2008, con la socialista Michelle Bachelet en la presidencia, hubo que crear un pilar solidario para las pensiones más bajas y para quienes carecían de derecho a prestación. En los años posteriores continuaron acumulándose parches y reformas para paliar el fracaso del sistema, acompañados de grandes protestas sociales que culminaron en el estallido de 2019.
Cuando hoy, en nuestro país, escuchamos cantos desaforados de quienes, de ganar las elecciones, proponen implantar, a semejanza de Pinochet, la privatización de nuestro sistema de pensiones, solo cabe preguntarles: ¿se lo van a implantar a las Fuerzas Armadas, o, por lo que pueda pasar, las volverán a dejar como excepción?
Ilustración: diseño del autor realizado con apoyo de IA generativa.