La ducha es un fenómeno fascinante y reconocido. La acústica del baño, el eco de los azulejos y el rugido del agua, transforma a cualquiera en una mezcla de Pavarotti y Freddie Mercury.
Y ahí, en su ducha matutina, podemos imaginarnos al expresidente Barack Obama tratando de emular a Joan Manuel Serrat mientras escucha su disco “Mediterráneo”. Y del ramillete de extraordinarias canciones de ese disco, sin duda la que más le marcó fue “Vagabundear”.
“Harto ya de estar harto, ya me cansé”, grita Serrat en esa canción. Y ese verso se le debió de quedar bien grabado al expresidente al tiempo que lo cantaba con el frasco de champú a modo de micrófono.

No pueden pues extrañarnos,pues, sus recientes declaraciones en las que, sin citar la fuente, Obama decía que la gente está “so sick and tired of being sick and tired” (tan harta de estar harta).
Son manifestaciones que realizó ante las próximas elecciones de mitad de mandato en las que Obama observa que “se respira un aire de cambio” en una ciudadanía que lleva padeciendo las políticas de Trump, un presidente que exhibe una “incompetencia como no se ha visto en los tiempos modernos”, así como un gobierno que permite “la ilegalidad, la negligencia, la crueldad y la indiferencia hacia la gente trabajadora”.
También en nuestro país podemos hablar de hartazgo y, el 29 de noviembre, ese hartazgo se reflejará en las urnas.
Pero no todos los hartazgos son iguales. Obama nos habla de un impulso hacia el cambio, de una ciudadanía cansada de un gobierno concreto al que se quiere sustituir. En España, ese hartazgo se dirige más bien hacia la política en sí misma y tanto puede derivar en exigir mejores políticas como en empujar a quedarse en casa porque todos son iguales.
La pregunta no es saber si estamos hartos. La pregunta es saber hacia dónde nos conducirá ese hartazgo, hacia qué modelo de país nos llevará.
No es cuestión baladí. Un ensordecedor y bien provocado ruido mediático pretende alterar el debate planteando una agenda pública bien alejada de lo que realmente interesa. A base de denuncias, chascarrillos, insultos, enfrentamientos vacuos, polémicas, ruido y más ruido en redes, prensa y telediarios, derecha y ultraderecha tratan de ocultar el modelo de país que pretenden y sacarlo del debate.
Les invito a leer con calma sus propuestas. Si las buscan, las encontrarán. Derecha y ultraderecha pretenden tapar su apuesta por la sanidad y la educación privadas en detrimento de lo público: quien quiera calidad, que se la pague. Tratan de esconder —pero siempre se les escapa— su modelo de capitalización de pensiones. Se incomodan cuando se habla de subir el salario mínimo y les espanta hablar de prestaciones sociales para los más vulnerables. Bien saben que exponerlo con claridad convencería a muy pocos.
Y no, en este caso no podemos acudir al final de la canción de Serrat: “Qué más da, qué más da, aquí o allá”. Entre ese aquí y ese allá hay dos modelos de país muy distintos.
Que ese “estar harto” sirva para una buena reflexión y no para rendirse. Nos jugamos mucho en el envite.
Ilustración: diseño del autor realizado con apoyo de IA generativa.