Vaca rumia o... “del socialismo se sale”Lo que realmente avanza, silenciosa pero constante, es la privatización. Y aunque se intente que “caiga” por otro sitio menos audible, su olor es inconfundible para quien presta atención.

Filigrana decorativa

Disculpen si la memoria me traiciona, pero de niño escuchaba a mi padre imitar a Pepe Iglesias “El Zorro”, exitoso humorista argentino que de aquella sonaba por la radio: “Vaca pasea, vaca pace, vaca come, vaca mastica, vaca rumia… y va‑ca‑yendo”. Mucho me hacía reír imaginar el recorrido digestivo y su inevitable final en el suelo.

Saltemos ahora a Ciudad de México, a la llamada «Universidad de la Libertad». Difícil encontrar un escenario más cómodo para que la señora Ayuso se sintiera en casa. Allí proclamó solemnemente: “Del socialismo se sale”. Y añadió, sin pestañear: “Nosotros somos los que defendemos las catedrales, las universidades, los colegios, los hospitales…”.

Diario de Pontevedra, 9/05/2026

Y sí, del socialismo se sale. Pero la pregunta es cómo.

Aquí vuelve a ser útil Pepe Iglesias. Porque para que ciertas palabras no salgan por la boca, hay que rumiar mucho. Solo así se consigue que la frase completa no se escuche: “Nosotros somos los que defendemos… los colegios, las universidades y los hospitales PRIVADOS”.

Si quieren, pueden dejar fuera a las catedrales —aunque alguna, especialmente en Madrid, encajaría sin esfuerzo en la ecuación—. Pero lo esencial es esto: mientras se repite el mantra del “Modelo de Libertad”, lo que realmente avanza, silenciosa pero constante, es la privatización. Y aunque se intente que “caiga” por otro sitio menos audible, su olor es inconfundible para quien presta atención.

El resultado en su feudo es claro: más colegios privados, más universidades privadas, más hospitales privados. Más fondos para la privatización y menos para lo público.

Permítanme una autocita que utilicé más de una vez cuando ocupaba escaño: «Para la privada, la Excelencia; para lo público, la Beneficencia».

Esa es la libertad que nos quieren vender: excelencia para quien pueda pagarla —los pocos— y beneficencia para el resto —los muchos—. Que cada cual decida, pero conviene no perder el olfato a lo que “va-ca-yendo”.

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Decoración final

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