Patriota: ni Voltaire ni Samuel… ni Dioscuando la patria se vuelve arma para excluir a otros, deja de ser un bien común y se convierte en excusa y basura moral.

Filigrana decorativa

En el París de finales del siglo XVIII, alguien recorre con atención los puestos de los bouquinistes, los vendedores ambulantes de libros usados que se alinean a orillas del Sena. Tras remover varios tomos, encuentra por fin lo que busca: un ejemplar bastante bien conservado del Dictionnaire philosophique de Voltaire, publicado en 1764.

Hojea el índice. Busca las entradas de la letra P, en concreto la dedicada a la palabra Patrie” (Patria). Desliza los dedos con agilidad hasta dar con la página y comienza a leer. Sus ojos se detienen en una frase que relee con una mezcla de deleite y tristeza:

«Il est triste que souvent pour être censé bon patriote on soit l’ennemi du reste des hommes».

Frente a la mirada atónita del vendedor, la repite varias veces en voz alta, como si quisiera que alguien más la escuchara: «Es triste que, a menudo, para ser buen patriota, haya que ser enemigo del resto de los hombres».

Diario de Pontevedra, 28/04/2026

En el mismo siglo, pero en otro idioma y en otro contexto, la frase de Samuel Johnson se convirtió en sentencia casi bíblica:

«Patriotism is the last refuge of a scoundrel». (El patriotismo es el último refugio de un canalla.)

El famoso lexicógrafo y moralista inglés pronunció estas palabras la noche del 7 de abril de 1775, según recordaría su amigo y biógrafo James Boswell. En su versión, Johnson no atacaba al sentimiento de pertenencia, sino a ese «presunto patriotismo que tantos, en todas las épocas y países, han usado como manto para sus propios intereses».

Ya en nuestro país, en 1981, un asturiano, Víctor Manuel, compone una canción de título paradójico: «Esto no es una canción».

En plena consolidación de la democracia tras la caída de la dictadura franquista, el cantautor desnuda el uso instrumental de la patria y defiende un ideal de inclusión y humanidad. La letra rechaza la retórica bélica, el tono de uniforme y la exclusión disfrazada de honor. Sus dos últimos versos condensan una advertencia que bien podría servir como reflexión final: «Aquí cabemos todos, o no cabe ni Dios».

Desde Voltaire hasta Johnson y desde Johnson hasta Víctor Manuel, el mensaje se mantiene intacto: cuando la patria se vuelve arma para excluir a otros, deja de ser un bien común y se convierte en excusa y basura moral.

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Decoración final

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