Un bombón de 90 anosUn “lujo accesible” en los veranos de posguerra

Filigrana decorativa

Hay recuerdos de infancia que se quedan pegados a la memoria como el chocolate al helado. Entre ellos, uno especialmente entrañable: aquellas fichas de colores que el cajero entregaba a mis padres y que, como por arte de magia, se convertían en helados al llegar al mostrador. Un pequeño ritual veraniego que marcaba la vida de muchas familias pontevedresas.

Rebuscando entre materiales y búsquedas dispersas por internet, apareció ante mí una joya inesperada: un ejemplar del Diario de Pontevedra del 18 de junio de 1936. En él se podía leer un anuncio que, visto hoy, tiene un valor histórico delicioso:

Diario de Pontevedra, 02/06/2026

«HELADOS Y REFRESCOS. “LA IBENSE” ofrece a su distinguida clientela sus riquísimos productos, helados y refrescos de todas clases, y el riquísimo BOMBÓN HELADO que esta temporada fabrica por primera vez en Pontevedra. HORCHATA DE CHUFAS. Se sirven a domicilio. Teléfono núm. 172.»

La frase clave está ahí: “el riquísimo bombón helado que esta temporada fabrica por primera vez en Pontevedra”. Es decir, el bombón helado cumple en nuestra ciudad noventa años. Y no es poca cosa.

Porque, si atendemos a la historia general, el bombón helado nació en Estados Unidos en 1921, cuando el pastelero danés Christian Kent Nelson, al ver a un niño indeciso entre pedir un helado o una taza de chocolate, ideó una barrita de helado recubierta de chocolate a la que bautizó como I‑Scream Bar. Su invento se popularizó rápidamente al otro lado del Atlántico.

Pero lo verdaderamente interesante es que, apenas quince años después, Pontevedra ya tenía su propia versión artesanal gracias a La Ibense, una de las heladerías pioneras en Galicia y heredera de la tradición heladera levantina. La red suele situar la expansión del bombón helado en España en los años 40 y lo califica como un “lujo accesible” en los veranos de posguerra. Sin embargo, el anuncio de 1936 demuestra que Pontevedra se adelantó a esa tendencia.

Eso sí, conviene recordar que aquel “lujo accesible” lo era solo para unos pocos. La mayoría de los niños se conformaban —y con suerte— con un cucurucho pequeño del heladero ambulante, que recorría las calles con su carga al hombro o empujando un carrito.

Y aún hay otro detalle delicioso en el anuncio: La Ibense ya tenía su propio “Glovo” en 1936. Bastaba con llamar al teléfono 172 para recibir los helados a domicilio. Un servicio reservado, claro está, a los poquísimos que podían permitirse el lujo de contar con un teléfono en casa.

Termino con una duda que quizá algún lector pueda resolver: ¿de qué color sería la ficha que correspondía al bombón helado? Ignoro si en 1936 ya se utilizaba en “LA IBENSE” el sistema de fichas de colores, pero sería bonito recuperar ese pequeño fragmento de memoria colectiva. Queda lanzada la invitación.

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Decoración final

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