Una historia de canallas: Trump, Channing y su Sopa de Ganso

Filigrana decorativa

La escena penetra en nuestro cerebro como un relámpago mortal. Una mujer cae, alcanzada por un disparo a quemarropa perpetrado por los agentes del ICE, esos chicos de recién estrenados uniformes, sus gafas negras y un inconfundible estilo marcial de cerebros vacíos. De repente, se abre el telón y, como si estuviéramos viendo una reposición de «Sopa de Ganso”», alguien desde Washington decide explicarnos que lo que vemos no es lo que vemos.

Diario de Pontevedra, 16/01/2026

Y he aquí que aparece el Gran Relator de la Verdad Alternativa, corbata roja y pelo rubio‑naranja, para decirnos que la culpa es de la propia mujer. Que actuó “muy ruda”. ¡Muy ruda! Vamos, que cometió falta en ataque.

Mientras, no cesa en sus alabanzas a sus muchachos del ICE, a esos “patriotas” que trabajan «deteniendo a miles de criminales ilegales de muchas nacionalidades». Héroes de cómic, sacos de músculos con escudos de barras y estrellas. Rambos en defensa de la patria.

Problema. Todos hemos visto el vídeo. Y, pese a ello, hay quien, con sonrisa dentífrica de vendedor de coches usados, nos hace la siguiente pregunta: “¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?”

Chico Marx se lo dijo, disfrazado de Groucho, a la inefable señora Dumont, pero aquí quien lo dice es, ni más ni menos, un representante del Gobierno.

Y aquí entra en acción la señora Ángela Channing, la villana de los viñedos de «Falcon Crest», quien ya en los años 80 nos susurraba, copa de Chardonnay en mano, que “la verdad solo es un punto de vista”.

Julián Baggini nos lo explicó con calma filosófica en su libro «Breve historia de la verdad». En él, Baggini señala cómo en la cultura popular se utiliza la carta del relativismo para poner fin a una conversación: “tú tienes tu verdad, yo tengo la mía, no hay nada más que decir”.

De esta forma, un hecho se convierte en una opinión y una opinión en un arma. Que la realidad no nos moleste ni entretenga.

De vuelta a Baggini, me quedo con la frase que cita de Roger Scruton: “El relativismo es el primer refugio de los canallas”.

En esta película, los canallas no llevan máscara: llevan placa, micrófonos, atriles con sello presidencial y, lo más inquietante, esperan que la función finalice con un atronador aplauso por parte del respetable, que somos nosotros.

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Decoración final

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