Contigo aprendí: En memoria de Antón Louro

Filigrana decorativa

Hay despedidas que se escriben con la gratitud de quien se sabe afortunado por el camino compartido. Despedir a Antón Louro es, para mí, despedir a un maestro, a un amigo y al hombre que me precedió en las bancadas del Parlamento de Galicia y del Congreso de los Diputados.

En política existen los perfiles de gestión y los perfiles de humanidad; Antón habitaba ambos con una naturalidad asombrosa. Siempre que me tocó intervenir en los espacios que él antes había ocupado, me encontré con un fenómeno poco común en estos tiempos: una receptividad unánime.

Diario de Pontevedra, 13/03/2026

Las múltiples llamadas que he recibido de amigos comunes, compañeros y adversarios dan buena cuenta de su bonhomía, del respeto y la admiración que despertaba su persona.

El nombre de Antón Louro era, y sigue siendo, una llave que abre puertas, porque siempre fue sembrado con respeto, con cercanía y con esa elegancia intelectual que no necesita alzar la voz para convencer.

Figura clave del socialismo gallego y puente entre generaciones, Antón Louro encarnó una manera serena, dialogante y elegante de entender la política y el servicio público. Con la despedida de Antón Louro se va un socialista leal, un servidor público respetado y un hombre que dejó amigos allí donde la política a menudo solo deja trincheras.

Compartía Antón con Alfredo Pérez Rubalcaba esa vieja y noble escuela de las “buenas formas”. Ambos entendían que la política es, ante todo, el arte de tender puentes allí donde otros solo ven abismos. Por eso, al recordarlo hoy, me viene de inmediato a la memoria lo mismo que le dije a la mujer de Alfredo cuando este nos dejó: me sirve, palabra por palabra, el título de aquel bolero, “Contigo aprendí”.

Contigo aprendí, Antón, que se puede ser firme en las convicciones sin perder la sonrisa; que la lealtad a unas siglas no impide el reconocimiento al de enfrente; y que el éxito público no vale nada sin el refugio de lo privado. En ese equilibrio, sin duda, el papel de tu familia tuvo un gran protagonismo desde la discreción y el apoyo constante, algo que siempre compartimos en nuestras conversaciones.

Gracias, Antón, por el camino trazado, por la generosidad en el relevo y por enseñarme que, en esta profesión, la mayor victoria es poder mirar atrás y ver amigos donde otros solo ven siglas.

Hasta siempre, maestro.

Gracias por compartirlo en tus redes:
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