Dar(se) cuenta: compromiso del intelectual y reivindicación de la educación.

Mi compañero en el Grupo Parlamentario Socialista, mi querido “filósofo de guardia”, Manuel Cruz, acaba de publicar un nuevo libro titulado “Dar(se) cuenta” y cuyo subtítulo reza así: “De qué pasado venimos… y a qué presente hemos ido a parar”.

Cualquiera que haga una búsqueda en Google con las palabras “libro+darse+cuenta”, podrá comprobar que salen no pocos libros y de diferentes materias (desde libros de autoayuda hasta alguno de programación neurolingüística) que utilizan las mismas palabras en su título, también el de Manuel Cruz, pero seguro se darán cuenta de la singularidad de este último. La diferencia es sutil, pero determinante: los paréntesis.

Esos paréntesis son el elemento necesario que señalan la doble vía transitada por Manuel Cruz en estos últimos años. Un título que concatena dos procesos que Manuel entiende que son “dos caras de la misma moneda”: “darse cuenta” y “dar cuenta”.

El filósofo, que tiene en su oficio el “darse cuenta”, ha convivido en estos años con el diputado que conlleva en su trabajo el “dar cuenta” de su acción. Dicho de otra manera, y como bien señala Manuel Cruz, el título del libro hace referencia a dos conceptos: comprensión y responsabilidad. Comprensión, darse cuenta de lo que uno está haciendo. Responsabilidad, dar cuenta de las consecuencias de los propios actos. Podemos pues hablar, en el caso de Manuel Cruz, de “l’intellectuel engagé”, del intelectual comprometido.

No nos equivocaremos demasiado si atribuimos a esta obra la categoría de “libro de viajes”, pues es el viaje de estos últimos años transitados por el autor lo que constituye el corpus de este texto. Un viaje que Manuel nos permite compartir a través de las páginas de su libro, mostrándonos, por un lado, sus reflexiones sobre lo que acontece a su alrededor y, por otro, sus acciones, sus actuaciones, como diputado en ese tiempo.

Por supuesto, la filosofía y su reivindicación ocupan buena parte del libro, al igual que han ocupado el trabajo del autor (que he tenido el placer de compartir) en estos años. Reivindicación de la filosofía en la educación, pero reivindicación, sobre todo, de la educación, pues como bien dice Manuel:

“Pocas veces en el pasado los ciudadanos necesitaron disponer de instrumentos de conocimiento y crítica con los que manejarse en la complejidad de lo real como lo necesitan hoy”.

Muy atrayente resulta su concepción del federalismo como la forma política de la fraternidad, y de la propia fraternidad como universalización de la igualdad y la libertad, “puesto que no hay hermanos de primera y de segunda”.

En fin un libro cuya lectura recomiendo y que ciertamente no defraudará, pero dejemos a Manuel la última palabra:

“Convocar a la acción nunca puede ser la última palabra. La última palabra solo puede ser rendir cuentas de lo realizado.”

Grazas por compartilo nas túas redes:

Deja un comentario